30/11/10

arquitectura en la memoria: proyectos de pabellón suizo de Max Bill


Una serie de cubos de distintas dimensiones que albergan secciones independientes de la exposición, ordenados dentro de un conjunto modular tridimensional.
Durante los estudios de Max Bill en la escuela de artes aplicadas de Kunstgewerbeschule de Zurich en la especialidad de orfebrería, tuvo lugar en Paris la gran Exposición Internacional de Artes Decorativas de 1925. Esta exposición le causó una gran impresión, empezándose a interesar por el movimiento moderno. Así que en 1937 con la celebración en Paris de la Exposición Internacional que sería una especie de continuación de la de 1925; Max Bill realizó un proyecto para el pabellón suizo, a pesar de no estar entre los 32 estudios  invitados al concurso.  Este pabellón estaría ubicado a orillas del Sena en una situación destacada.   



Max Bill pensó en un pabellón caracterizado principalmente por un conjunto estructural modular primario del que se colgaban cajas o cubos. Los cajas estarían pintadas en diferentes colores, formando una composición, que recuerda a sus investigaciones en el stand de la trienal de Milán del año anterior y a otros de los trabajos de escultura que Max Bill estaba realizando por aquellos años.
Dos años después de esta experiencia, Max Bill, y a pesar que nuevamente no estaba entre los participantes del concurso; vuelve a realizar un proyecto para el pabellón suizo; esta vez para la exposición Universal celebrada en Nueva York (1939). Podemos considerar este nuevo ejercicio de Max Bill como una continuación del anterior, ya que una vez más presentó un conjunto modular del que colgaban cubos de colores ordenando los diferentes espacios de la exposición. Esta vez prestó mayor atención a la composición de  volúmenes modulares y sus colores. Sin embargo, uno de los aspectos más destacados de este ejercicio fue la introducción del concepto lecorbuseriano de promenade, creando un espacio de circulación dentro de la estructura tridimensional, recorrido enriquecido por los volúmenes de cajas cerradas, pasarelas  y espacios abiertos. Esto último no es casualidad, ya que Bill estaba trabajando por aquel entonces en el tercer tomo de la Ouvre compete Le Cobusier, tomando contacto directo con los escritos de su compatriota. El recorrido iría enlazando, a lo largo de tres alturas: restaurante, salas de exposiciones y finalmente la exposición principal dispuesta a doble altura. 








Atendiendo a la estrecha relación que existe entre estos dos proyectos y el stand de la “Triennale di Milano”, podemos apreciar el aspecto común que tienen en cuanto  a buscar la conexión entre la arquitectura, la pintura y la escultura en una sola obra, dando como resultado un orden pictórico y plástico. Esto, según palabras del propio Bill, condicionan: una  libre disposición de los diversos elementos interiores, una libre determinación formal y una libre determinación de los colores.
En estos dos proyectos podemos atisbar el interés de Max Bill, por la concepción de una obra conceptual, no exenta de materialidad. Se aprecia el apoyo de Bill en tres conceptos clave que caracterizaron sus diseños como son: la forma, las leyes y la estructura .Estos tres conceptos le permitían aplicar a las artes, una precisión de tradición científica, mediante el establecimiento de reglas, para ofrecer a su obra unas modificaciones y ritmos como herramienta de unidad, estableciendo relaciones que tienen como producto una mezcla de austeridad y diversidad.



 

2 comentarios:

Diego dijo...

Un arquitecto sabio dijo aquello de "firmitas, utilitas, venustas,"...pues es eso, Que mejor que un gran cubo! Un gran cubo y arboles alrededor

El Paraiso construido dijo...

Un gran cubo horadado!!! Para una idea es de muy mal agüero estar de moda, pues esto implica que más adelante estará anticuada para siempre.En este caso Max Bill supo anteponerse